Como dice el título, triste aniversario el de hoy, 4 de agosto. Fue ese mismo día de 1979 cuando ETA asesinaba a tiros, en Éibar (Guipúzcoa), al guardia civil Juan José Tauste Sánchez, con toda la vileza y la cobardía de que hacen gala estos criminales.
Juan José Tauste nació en Villacarrillo en 1953, estaba casado y con un hijo. Y si no me equivoco, es la única víctima mortal de ETA natural de nuestro pueblo. La mañana del 4 de agosto de aquel verano nos acercó de un golpe a la realidad del País Vasco.
Hace unos años coincidí en Villanueva del Arzobispo, en unas jornadas sobre las Cuatro Villas, con José María Redondo Tortosa que me recordó los hechos y me solicitó que como concejal de nuestro Ayuntamiento buscase la forma de homenajearlo, con extrañeza por su parte de que no se hubiese hecho hasta entonces. Y a ello me comprometí. A partir de allí, preguntando, pude refrescar los hechos posteriores al asesinato. El entierro tuvo lugar en Villacarrillo y estuvo rodeado de algunos lamentables acontecimientos en la vorágine del dolor, la rabia y el duelo. Acontecimientos que ni siquiera merece la pena relatar, puesto que son completamente ajenos a la víctima y a la familia y han quedado sepultados por el tiempo, permaneciendo tan sólo el recuerdo del guardia civil asesinado.
Al final se desarrolló el homenaje, si mal no recuerdo en el XXV aniversario del atentando, con la inauguración de una placa que daba su nombre a una calle de Villacarrillo (para quien tenga interés, es una de las del llamado S-4, sector de Cuatro Vientos). Homenaje al que asistieron el mencionado José María Redondo, mandos de la guardia civil, la alcaldesa y corporación municipales, asociación de víctimas del terrorismo y lo más importante, su familia.
Puede que revele un pequeño secreto, pero en el año creo recordar que 2003 se nos convocó en Jaén a cargos socialistas de distinto rango a una reunión con mandos de la Policía Nacional que nos alertaron, según información que manejaban, de un posible objetivo terrorista en la provincia de Jaén (sede, como todo el mundo conoce, de centros de formación de la Guardia Civil) para que adoptásemos medidas de autoprotección. Es imposible describir los sentimientos y pensamientos que esa recomendación desató, al menos en mí. Lo primero que pensé fue en los concejales del País Vasco, en los miembros de los cuerpos de seguridad, o en las personas señaladas por cualquier motivo, profesores, jueces, militantes. Si a mí, que estaba a mil kilómetros de distancia me producía angustia mi seguridad y la de mi familia, ¿cómo sería el día a día, el año a año, la vida de estas personas?. Y llegué a una conclusión: que en Euskadi, junto a los cobardes de la bomba o el tiro en la nuca, viven muchos, muchos, muchos héroes del día a día.
Hoy ETA más debilitada que nunca, con varios años sin atentar, estoy convencido de que está abocada a una muerte, puede que lenta pero ignominiosa como su historia.
De cualquier forma Villacarrillo pagó caro el tributo de la paz y la seguridad de esta nación, a la vez que una familia lloraba amargamente sin acabar de entender porqué a Juan Jose.


















